martes, 18 de octubre de 2016

He descubierto un planeta

Antes de empezar, tengo una mala noticia, no he descubierto ningún planeta, pero dejadme que me explique por qué he titulado esta entrada: He descubierto un planeta.


Entonces tenemos que remontarnos unos cuantos años atrás, en el Siglo XIX en Francia.
François Arago, el del selfie de la foto de abajo a la izquierda


fotos obtenidas de Wikipedia: (izquierda: François Arago, derecha: Urbain le Verrier)


director del observatorio de París, habló con el compañero que se encuentra a su derecha, Urbain le Verrier, para realizar una teoría, mediante las Leyes de la gravitación de Sir Isaac Newton (de este no voy a poner foto, que lo tengo muy visto).

La órbita que mostraba mercurio no se comprendía muy bien, observando desviaciones en su movimiento que podrían explicarse colocando un planeta intra-mercuriano (planeta que se encuentra entre el Sol y Mercurio).

Así, Urbain le Verrier publicó en 1843 una teoría en la que introducía un pequeño planeta, al que llamarían Vulcano.
Tras esta publicación, gran cantidad de astrónomos tanto profesionales como aficionados, quisieron apuntar con sus telescopios, a dicho hipotético planeta.

Así aparece nuestro siguiente personaje de la historia, Edmond Modeste Lescarbault, para los amigos solo Lescarbault. Era un un astrónomo aficionado, médico de profesión, que motivado por las predicciones de Urbain le Verrier, apuntó con su telescopio a ese hipotético planeta, Vulcano.

... !Pues lo consiguió¡, el 26 de Marzo de 1859, tras observar una mancha negra circular en el Sol, simulando un tránsito de un planeta a través del Sol. Mediante la observación del planeta, pudo realizar anotaciones, pudiendo estimar características de él.

Así Lescarbault, le manda un carta a Le Verrier (¡He descubierto un planeta!) (es posible que su carta no la titulara así, pero permitidme ese tipo de sutilezas literarias... jaja) afirmando observar este planeta tan misterioso, cogiendo éste el tren (Le Verrier), para interrogar la hazaña del descubrimiento.

Lescarbault le describe con detalle, cómo ese 26 de marzo de 1859, con un modesto telescopio refractor de 95 mm de diámetro, observó una mancha en el Sol la cual se movía como haría un planeta. Tomando datos de forma precipitada, pues la observación del planeta era casual, haciendo uso de un viejo reloj y un péndulo con el que tomaba el pulso de sus pacientes, durando el tránsito 1 hora, 17 minutos y 9 segundos.

Quedó convencido del descubrimiento, anunciándolo el 2 de enero de 1860, por lo que los niños de esa época estudiarían los planetas así:
Vulcano, Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno.

Sin embargo, había unos cuantos críticos, que no creían el descubrimiento.
Debido a la proximidad del planeta al Sol, Vulcano era prácticamente invisible, teniendo que aprovechar los eclipses para realizar la búsqueda y comprobar su existencia.

En 1877 muere Le Verrier convencido de la existencia de Vulcano.

En 1878 en un eclipse de Sol, gran número de astrónomos aprovecharon la ocasión para observar Vulcano, sin embargo, no fueron capaces de encontrarlo.
En 1883, en otro eclipse solar, con mejores medios, se volvió a repetir la búsqueda, sin obtener éxito alguno.

En 1915, Einstein (el mítico señor con pelo alborotado y la lengua fuera) pudo explicar la anomalía en el movimiento de Mercurio, mediante la teoría de la Relatividad General (también tardaron un poco en comprobarla, y hace unos años, casi hasta consiguen desmentirla...), sin la necesidad de incluir a nuestro famoso planeta intra-mercuriano, Vulcano.

Por lo que los niños estudian los planetas así:
Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno (y Plutón).