jueves, 10 de diciembre de 2015

Un viaje, muchos viajes

[…] más que la Fantasía se pliega a la influencia
si la Naturaleza solitaria se aviene
a imitar la perdida humanidad del Tiempo.
Wordsworth
Cuentan que a Stendhal, al admirar los frescos de Giotto de la Santa Croce, en su viaje a Florencia, se le aceleró el corazón, le vinieron sudores fríos y casi pierde su presencia de espíritu. Tanto es así, que a este efecto físico al observar la belleza extrema se le denomina síndrome de Stendhal.
Puede que la contemplación de lo que hay aquí, en nuestro pequeño viaje por este caos terrestre, no conmueva a aquellos a los que debiera en la Cumbre del Clima de un París, que siempre nos quedará. Puede que lo que hay allá, en nuestro gran viaje por el cosmos, no llegue a perturbarnos más allá de levantar la vista para la contemplación de unas pocas estrellas en un cielo despejado.
Sin embargo, he tenido el acierto de animarme a hacer un pequeño viaje, más allá de ese caos y más acá de este cosmos, y acercarme por los apartamentos L’Observatoriu, los pasados 5 y 6 de diciembre, para una estancia estelar: entorno y trato inmejorables, dormir en Altair y contemplar cometas y cuásares.



Pero para completar el gran viaje está Faustino en su cúpula. Incansable en las explicaciones, hablando del aquí y ahora, y saltando al allá de tan lejos y de hace tanto tiempo, que vértigo es una palabra demasiado estática para expresar la sensación de caída libre.
Seguramente la sola observación de un cielo que ya había contemplado en salidas anteriores (como el doble cúmulo de Hércules, la galaxia de Andrómeda y su compañera M110, la estrella binaria Albireo, la nebulosa del Anillo…) u otros objetos que no recordaba haber contemplado, como la fascinante M27, habría sido suficiente para que mereciera la pena. En el cielo hay objetos de sobra y allí equipo para disfrutar al máximo.

Seguramente, digo, habría sido suficiente. Sin embargo, lo mejor ha sido la oportunidad de observar el más difícil todavía. Pues Faustino tiene frentes abiertos en todo el universo y los ha compartido conmigo y… con todos nosotros:

  • Por un lado, sigue estelas de cometas. Observad que la cola alcanza hasta el extremo izquierdo de la fotografía (creo recordar que superpuso unas 7 imágenes para ello).

  • Por otro, viaja en el tiempo. Tuve la gran suerte de observar uno de esos objetos que ya había perdido la esperanza de ver. ¡Un cuásar! Sí, en ese momento estaba controlando las fluctuaciones de magnitud en un cuásar supuestamente formado por dos agujeros negros supermasivos, donde la caída de masa en el disco de acreción de uno de ellos producía “fulguraciones” detectables. Datos que luego comparte con aficionados y profesionales. Y fijaos lo bien que se define la galaxia de la parte superior de la imagen, que no recuerdo cuál era, pero que ahí está para que lo averigüéis.

  • Ha localizado varias estrellas variables. Y siempre que es posible, realiza observaciones solares, controlando sus manchas.


Mi viaje fue aún más allá, pues recibí recomendaciones para usar mi propio telescopio, aprendiendo opciones del mismo que aún no había empleado.Y, sobre todo, me anima a que realice aportaciones, aconsejándome por dónde empezar: Ocultaciones de estrellas por la luna o por asteroides. ¡Igual confía demasiado en mis capacidades!, pero se agradece el entusiasmo puesto en todo y en una.
Pues, para que el síndrome de Stendhal no llegue solo al arte de la Tierra, sino también al del Cosmos, son necesarias muchas ganas y más entusiasmo.