jueves, 20 de abril de 2017

Periodismo y ciencia. ¿Una historia de amor?


Pues bueno, la verdad es que no. La relación es, cuando menos, turbulenta. Lejos de combinar bien, con frecuencia son como uña y pizarra.

Cuando una noticia científica asoma su nariz en un medio de comunicación no especializado, se ve expuesta a múltiples contratiempos. Por ejemplo:

-       Si viene traducida del inglés, muchas veces se nos dice billones, cuando se trata “solo” de miles de millones. ¿Cuántas veces hemos oído en las noticias que en el mundo hay unos 7 billones de personas? Somos muchos, pero no tantos… Recordemos que en algunos países (como EEUU), después de los millions (106), se cambia de nombre cada tres ceros: billions (109), trillions (1012)… mientras que nosotros cambiamos cada seis ceros: millones (106), billones (1012), trillones (1018)… ¡Cuántos sinsabores nos ahorra la notación científica! 1018 es lo mismo en Agaete, Bermiego o Savannah.

-       Si es una estadística, muchas veces sumamos los trozos de la tarta que nos presentan de viva voz y nos sale más que una tarta completa (100%).

-         También es frecuente que el titular:

o    Busque el sensacionalismo: “La NASA encuentra indicios de vida en las lunas de Júpiter y Saturno”. Bueno, si queremos realmente conseguir muchos lectores también podríamos decantarnos por “Las Campos en Encélado” (nadie ha dicho que garanticemos vida inteligente…). Puestos a rizar el rizo, podríamos echar la culpa al autocorrector y atrevernos con “Las Campos en celo”. Siendo serios, la opción correcta debería decir más bien, “Encélado podría tener un ambiente habitable”.

o   O que pase lo mismo con el contenido. Te ponen en televisión o en la prensa, junto con la noticia del descubrimiento de exoplanetas en Trappist-1, unas imágenes que son recreaciones artísticas tipo Star Wars. Nada que ver con las imágenes reales, ni con el procedimiento seguido (un puñado de píxeles muy bien interpretados). Por mucho que te pongan en letra minúscula que es una recreación… mucha gente se queda con una idea muy equivocada.
o   O sea intencionadamente confuso. Si no somos conocedores de estas cuestiones y leemos: “Hallada materia orgánica en el planeta enano más próximo a la Tierra”… muy probablemente nos haremos una idea muy poco ajustada de qué quiere decir eso (nada de bichos verdes con un número impar de ojos saltones que nos llamen “mamá” al salir del huevo si pasamos por allí). Bueno, seamos ahora también críticos con nosotros mismos. El titular no confundirá a personas con algo de formación científica, que no pensarán materia orgánica = vida. Dicho queda en todo caso.

Se busca cierto sensacionalismo y hay poca preocupación por el rigor. Aunque bien mirado… igual esperamos demasiado de los medios. Los horóscopos tienen sección fija en el periódico, los noticiarios de la tele incluyen muchas veces autobombo o publicidad de la propia cadena (eso ya sin entrar en el sesgo de ciertas informaciones). En fin…

Una vez expuesto lo que consideramos un problema, ¿qué soluciones podemos proponer?

·       Por un lado, los propios medios tienen que ser conscientes de este hecho y estar dispuestos a mejorar en este sentido. Su propio código deontológico debería empujarles hacia ello. Periodistas más especializados o asesores científicos.

·        Que se consulte a los expertos cuando sea posible.

·        Lograr que los titulares tengan gancho, pero sin deformar la realidad.

Es una cuestión de principios. Y las noticias científicas en los medios generalistas son necesarias. La ciencia como fuente de conocimiento, y también como motor básico del progreso, debe estar presente en la realidad que, admitámoslo, construyen los medios de comunicación.

Todo lo dicho no debe esconder otra idea fundamental. Al ámbito científico hay que exigirle ejemplaridad. Plagios en tesis doctorales de altos cargos, catedráticos de medicina que se lucran con falsos remedios contra el cáncer, experimentos milagrosos que nunca se pudieron corroborar… Como en toda actividad en la que haya seres humanos, es inevitable que de vez en cuando (muy pocas veces, felizmente) se cuele alguna de estas cosas. Pero hay que evitar el corporativismo. No “taparlo” y dejarlo correr, sino más bien extirparlo rápidamente.

¿No es posible entonces una relación “romántica” con la ciencia? Sí, es posible y yo trato de vivir de esa manera cada día. Cuando abro el periódico, salto por encima de todos los “–ismos” y del fútbol en busca de alguna noticia interesante de astronomía, física… ciencia en general. En Cielos Despejados, comparto mi tiempo con gente apasionada por la astronomía (y muy maja, que también es muy importante). Trato de seguir aprendiendo continuamente (gracias a los canales mencionados en este mismo blog, leyendo libros, revistas…)…

Para mí, la pasión por la ciencia es una manera de estar en el mundo. Y no una forma fría y alejada de lo humano. Parafraseando libremente al gran Richard Feynman: Júpiter es un planeta, gigante gaseoso, con tormentas tremendas, gamas cromáticas interesantes, un campo magnético furibundo, al que debido a su enorme masa poco le faltó para no ser una segunda estrella en nuestro sistema solar (¿se imaginan?)… A mi entender todo eso no es menos poético que Júpiter como ser mitológico. Tampoco son incompatibles.

Por todo ello:
Estimados profesionales de los medios de comunicación: cuiden más la información científica. Denle el espacio que se merece, sean veraces, consulten cuando no sepan. En resumidas cuentas: informen adecuadamente… y pongan un poco de cariño en ese guiso...

¡Suerte en el empeño! Muchos, entre los que me cuento, se lo vamos a agradecer. Y así sí que contribuirán a la difusión de esa maravilla que es la ciencia.