lunes, 25 de agosto de 2014

Estudiando la Luna


El sábado 6 de Septiembre celebraremos la IV Edición de la Noche Lunática en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Oviedo. Durante esta celebración que forma parte de la International Observe the Moon Night también tiene lugar un concurso depósteres de divulgación. A continuación la siguiente entrada del ciclo dedicado a la Luna.

Estudiando la Luna

La Luna es un objeto único dentro del Sistema Solar. Muchos de nosotros alzamos la vista para observar, en una noche de cielos despejados, el color plateado de sus tierras altas y sus oscuros mares basálticos. Como se ha comentado en post anteriores, la Luna ha ejercido y sigue ejerciendo una fuerte influencia sobre filósofos, artistas, aventureros y soñadores varios.

En esta entrada simplemente me gustaría comentar brevemente (brevísimamente) cómo los científicos planetarios estudian los objetos planetarios, en concreto cómo se estudia la Luna.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí?


Durante las 6 misiones del Programa Apolo llevadas a cabo por la NASA y 3 misiones del Programa Luna de la Unión Soviética se trajeron de la superficie lunar aproximadamente 382 Kg de regolito y rocas lunares. Además existen más de 92 meteoritos lunares que han sido recogidos en diversos puntos de la Tierra y que han sido estudiados y analizados (geofísica, geoquímica y mineralógicamente) en laboratorios. Tanto las muestras recogidas en la Luna como los meteoritos hallados aquí nos han permitido conocer que la Luna está empobrecida en volátiles (elementos y compuestos químicos con punto de ebullición bajos) o que no tienen minerales hidratados tan comunes en muchas rocas terrestres. También nos han permitido conocer que la Luna, al contrario de lo que se pensaba anteriormente a la llegada del hombre a la Luna, es un objeto diferenciado, o lo que es lo mismo, que tiene un núcleo, manto y corteza. Hemos descubierto que tiene más diversidad de rocas de lo que esperábamos y hemos podido conocer sus composiciones geoquímicas, mineralógicas y aproximarnos a su edad. Gracias a todo esto se ha podido establecer la hipótesis del Gran Impacto como posible origen y el concepto del Océano de Magma como parte de su evolución y diferenciación y hemos podido datar (aproximadamente) estos eventos.

Muestra 60025, recogida durante la misión del Apolo 16. Se trata de una anortosita formada en los primeros tiempos de la historia de la Luna. Esta muestra tiene una masa de casi 2 Kg y una longitud de 14 cm. Créditos: NASA/Johnson Space Center (S72-42187)
Meteoriteo LaPaz Icefield (LAP) 02205. Fue encontrado en la Antártida y es el primer meteorito que ha resultado ser un basalto cristalino procedente de un mare. Se observa la corteza de fusión que recubre el meteorito. Créditos: Randy Korotev.

La teledetección es la observación de un cuerpo planetario a distancia. La utilización de un telescopio en la Noche Lunática, por ejemplo, es teledetección. La morfología y la topografía, así como la composición a escala global de la Luna, interacciones entre el medio espacial y la superficie lunar entre otras, podemos estudiarla gracias a instrumentos a bordo de misiones espaciales.

Mapa topográfico de la Luna (cara visible-oculta) obtenido mediante el instrumento de altimetría a bordo de la misión espacial Clementine de la NASA. El diámetro de cada hemisferio es de 2500 Km. En la cara oculta se puede observar claramente la depresión formada por la cuenta Polo Sur-Aitken. Créditos: Lunar and Planetary Institute.

Mapa derivado de datos obtenidos por la misión Clementine de la NASA mostrando la concentración de hierro observada en la superficie lunar (cara visible-oculta). Observar los altos niveles de hierro en los materiales que forman los maria (basaltos) y las bajas concentraciones en las tierras altas (anorthositas). Créditos: Lunar and Planetary Institute.

Pero es la combinación del estudio de muestras en laboratorio y del análisis de datos obtenidos por medio de técnicas de teledetección la que ha permitido los mayores avances en nuestro conocimiento sobre nuestro satélite. Las muestras han permitido conocer las propiedades físicas y químicas del regolito (“suelo” lunar) validando los datos obtenidos por instrumentos de teledetección y permitiendo usar dichos instrumentos con confianza. Por ejemplo, el concepto del Oceáno de Magma había sido establecido tras el análisis de las muestras lunares pero para que esta hipótesis fuera aceptada, necesitaba ser consistente con datos composicionales a nivel global y para ello es necesario la utilización de estos instrumentos. 

Todavía nos falta mucho por descubrir y aprender sobre la Luna. Las muestras lunares recogidas por las misiones espaciales se restringen a la cara visible y a un área bastante limitada. Los meteoritos lunares se suponen que provienen de zonas aleatorias de la superficie lunar pero no disponemos de su contexto geográfico ni geológico. Muestras de otros cuerpos planetarios (por ejemplo Venus o Mercurio) podrían ofrecernos mucha información sobre el origen de nuestro satélite. Mejoras en la resolución espectral y espacial de los instrumentos de teledetección, así como mejoras en la cobertura serían de mucha utilidad para muchas investigaciones que se están llevando a cabo.

Sé que se me quedan muchas cosas en el tintero (o en el teclado) así que no dudéis en comentar.