miércoles, 2 de abril de 2014

Observatorio Fabra

¡Hola a todos! Me estreno como colaboradora en este blog para hablaros de mi visita al Observatorio Fabra en Barcelona. Algunos estudiantes de la Facultad de Ciencias de Oviedo nos adentramos en tierras catalanas en busca de nuevas experiencias y aventuras.. y una de ellas fue la visita a este culto a la astronomía.

Allá subimos, a la montaña del Tibidabo para descubrir el bonito edificio que nos esperaba. Tardamos bastante tiempo en llegar, una media hora de bus aproximadamente desde pleno centro de la capital de provincia.




Desde tan arriba llama mucho la atención las vistas de Barcelona. ¡Se ve todo tan pequeño! Es una sensación increíble.


Al principio de la visita nos recibió un señor muy agradable en una sala de actos. Nos habló del origen del observatorio y toda su historia y trayectoria a lo largo de los años. También de todas las tareas de las que se han encargado, entre las que destacan la astrosimetría, meteorología y estudios sismológicos.
Lo que más me llamó la atención de lo que nos contó fue la figura del astrónomo catalán José Comas y Solá, quien descubrió la atmósfera de Titán (una de las joyas de nuestro Sistema Solar) y realizó otros importantes estudios y observaciones en planetas y cometas.

A continuación, subimos a lo más alto del edificio donde nos sorprendió el gigantesco telescopio del que disponen. Resulta que mantiene piezas originales de cuando se inauguró el observatorio en 1904, ¡parece increíble!




Sorprende mucho ver cómo la cúpula del tejado va girando al introducir las coordenadas adecuadas en el motor de seguimiento del telescopio (ya actualizado).

La intención era ver el planeta Júpiter y sus satélites galileanos, pero la suerte no estuvo de nuestro lado y el cielo estaba permanentemente cubierto de nubes. 
Por tanto, al asomarnos al ocular, tan solo percibíamos un distorsionado disco blanco.
Independientemente del mal tiempo, me gustaría destacar la terrible contaminación lumínica que sufre la ciudad de Barcelona. ¡No queda ni una sola franja negra/azul en toda la bóveda celeste! En su lugar, un tinte anaranjado impide ver las hermosas estrellas que nos acompañan todas las noches. Es algo verdaderamente triste...

Y por último, para finalizar la visita, nos llevaron a lo más bajo del edificio. Allí han construido un pequeño museo a partir de todos los cachibaches y aparatos que han usado  a lo largo de los años. Pude ver un poco de todas las especialidades que desarrollaron: catalejos, brújulas, mapas... reliquias que nos cuentan historias del pasado que un día fue el tiempo contemporáneo.



Os animo a todos a visitar el observatorio astronómico más cercano que tengáis. Es una experiencia magnífica, donde aprendes un montón de cosas y pasas un rato inolvidable.
Espero que os haya sido entretenido. Feliz miércoles a todos y...¡cielos despejados!